Seleccionar página
¿Juegas tu mano o te la juegan?

¿Juegas tu mano o te la juegan?

¿Juegas tu mano o te la juegan?     Marshall Goldsmith

En vista de que algunas cosas están fuera de nuestro control, podemos sentirnos víctimas de las circunstancias. Víctimas del destino. Yo no acepto eso.

El destino es la mano de cartas que nos ha tocado. La elección sobre cómo jugar esa mano es nuestra…

Este es un viejo y maravilloso refrán que ha sido transmitido, revisado y expresado de formas ligeramente diferentes por muchas grandes personas. Básicamente lo que dice es que nacimos con un determinado físico, en un determinado lugar, de unos determinados padres, etc. Y lo que llegamos a ser es en gran parte el resultado de cómo, y en algunos casos si, elegimos utilizar los talentos con los que nacimos, aprender de las experiencias que tenemos y aplicar ese aprendizaje en el camino. Es así de sencillo.

Como algunas cosas están fuera de nuestro control, podemos sentirnos víctimas de las circunstancias. Víctimas del destino. Yo no acepto eso. ¿Cómo sería la vida si simplemente aceptáramos la mano de cartas que nos tocó y viviéramos el resto de nuestras vidas en homeóstasis?

Imagina una vida en la que nada cambiara.

No estoy hablando de trabajar en la misma empresa durante años, ni de seguir casado con la misma persona toda la vida. Esas son elecciones que hay que honrar, no lamentar ni ridiculizar. Reflejan una sólida permanencia que vale la pena celebrar.

Tampoco estoy hablando de ir por la vida sin cambiar la comida que pedimos en un restaurante, el estilo de ropa que llevamos, la música, los programas de televisión y los libros que nos gustan, incluso las opiniones sociales y políticas que tenemos. Ir por la vida sin cambiar nunca nuestros gustos, opiniones y preferencias cotidianas es inimaginable, porque nuestro entorno no lo permite. El mundo que nos rodea cambia y nosotros cambiamos con él, aunque sólo sea porque es más fácil seguir la corriente.

A lo que me refiero es a nuestro comportamiento interpersonal y a nuestra resistencia a cambiar la forma de tratar a los demás. Por ejemplo,

La hermana a la que no vemos ni hablamos desde hace años por algún agravio olvidado.

El viejo amigo del que todavía nos burlamos con un apodo cruel de la infancia que ya ha superado.

El vecino que hemos visto durante años y, por timidez o inercia o indiferencia, nunca hemos hablado con él.

Los clientes a los que nos resentimos por las exigencias que nos imponen.

La mayoría de nosotros se burlaría de un restaurante que nunca cambiara su menú. Pero no somos tan reprochadores ni burlones con nosotros mismos. Nos enorgullecemos tontamente de prolongar algunos comportamientos el mayor tiempo posible, sin tener en cuenta a quién perjudican. Sólo cuando es demasiado tarde para deshacer el daño y hemos alcanzado cierta distancia objetiva, nos replanteamos nuestro comportamiento, y tal vez nos arrepentimos. ¿Por qué pasamos todos esos años sin hablar con nuestra hermana? ¿Por qué fuimos crueles con nuestro mejor amigo? ¿Qué relación nos perdimos por no presentarnos a un vecino? ¿Por qué no dar las gracias a un cliente por haber hecho el pedido?

Cuando prolongamos el comportamiento negativo -tanto el que perjudica a las personas que amamos como el que nos perjudica a nosotros de alguna manera- estamos llevando una vida sin cambios de la manera más peligrosa. Estamos eligiendo voluntariamente ser miserables y hacer que los demás también lo sean. El tiempo que nos sentimos miserables es un tiempo que nunca podremos recuperar. Y lo que es más doloroso, todo es obra nuestra. Es nuestra elección.

Así que ahora es tu turno. Piensa en un cambio que puedas hacer y del que no te arrepientas después. (Ese es el único criterio: no te arrepentirás de haberlo hecho). Quizá sea llamar a tu madre para decirle que la quieres. O agradecer a un cliente su fidelidad. O no decir nada en lugar de algo cínico en una reunión. Puede ser cualquier cosa, siempre que represente una desviación, por modesta que sea, de lo que siempre has hecho y podrías seguir haciendo siempre.

Ahora hazlo. Lleva a cabo esa acción. Será bueno para tus amigos. Será bueno para tus clientes. Será bueno para tu familia. Y lo más importante, será mejor para ti. Tanto mejor, que querrás volver a hacerlo.

Liderice con preguntas, no con respuestas

Liderice con preguntas, no con respuestas

La mayoría de los líderes estén demasiado enfocados en tener todas las respuestas y no se centren lo suficiente en hacer las preguntas adecuadas.

Es hora de recalibrar.

A pesar de lo que se pueda pensar, expresar la vulnerabilidad y pedir ayuda, aclaraciones o aportaciones puede ser un signo de fortaleza y confianza, no de debilidad. Las preguntas correctas son señales de confianza y pueden inspirar a las personas a confiar en ti. Por otro lado, todo lider es un coach de su dirigidos y como coach, debemos enfocarnos en guiarlos hacia la detección de problemas y sus soluciones.  Preguntar suele ser la gran herramienta.

Por ejemplo, en lugar de hablar a tu equipo de una nueva oportunidad que has identificado, pregúntales: «¿Ven una oportunidad que cambie las reglas del juego y que pueda crear mucho más valor del que hemos ofrecido en el pasado?»

Una pregunta tan simple como ésta puede inspirar una explosión de colaboración y creatividad en toda la organización. Y si demuestras sistemáticamente que las preguntas son lo primero, contribuirás a establecer una cultura general de curiosidad y aprendizaje que hará que tu equipo siga innovando y respondiendo a los retos con eficacia.

Así que pruébalo esta semana: Plantea a tu equipo una pregunta abierta de gran alcance y comprueba si da lugar a ideas nuevas y emocionantes.

Liderice con preguntas, no con respuestas

Antes de iniciar colaboración

Antes de iniciar colaboración con un nuevo colega, pregunta!

Colaborar con alguien que no conoces puede ser incómodo. Por eso es importante establecer puentes de comunicación que faciliten el intercambio de ideas y estilos con miras a definir la manera óptima de funcionar.

Inicialmente, puede que te sientas inclinado a simplemente presentarte y «ponerte a trabajar». Pero antes de sumergirte en tu proyecto conjunto, invierte algún tiempo conociéndote mejor, para que podáis trabajar juntos más eficazmente. (Una hora suele ser más que suficiente.) 

Aquí hay algunas preguntas para guiar esa conversación:

  • ¿Cuáles son nuestros objetivos y proceso para este proyecto?
  • ¿Quién hará qué, y para cuándo?
  • ¿Cuáles son nuestros estilos de trabajo individuales, fortalezas y debilidades?
  • ¿Cuándo nos daremos mutuamente retroalimentación?
  • ¿Cómo usaremos esa retroalimentación?
  • ¿Qué necesitamos de cada uno de nosotros para hacer nuestro mejor trabajo?

No podemos definir la mejor estrategia de trabajo y gestión sin antes conocer los actores y las reglas de juego.  Imagina lo que sería iniciar la filmación de una película sin que haya una estrategia comunicacional entre el productor y los actores.  Sería casi imposible asegurar un buen producto final y de eso se trata!

Hay muchos factores que atentan contra ese flujo óptimo : prejuicios, sentirse agredido, conversación en base a historias que nos hacemos y no a realidades, entre otras.

Preguntar y responder aumentará tu eficiencia, transparencia y posibilidades de éxito. Y también asegurará que tú y tu nuevo compañero tengan una relación de trabajo saludable y positiva… que incluso podría convertirse en una amistad.

Estrategias para comenzar a potenciar tu eficiencia

Estrategias para comenzar a potenciar tu eficiencia

Puedes sentir que 24 horas no es suficiente tiempo en el día, y ningún  esquema de productividad del mundo  cambiarán eso, si están enfocados en la dimensión tiempo. Realmente no es tiempo el recurso por el que estás temiendo… tu recurso más valioso es la ATENCIÓN.

En realidad, la fuente de estrés más grande que tenemos es la sensación de no estar poniendo atención a lo que realmente merece tu atención (tus prioridades)  ó no estar poniendo la suficiente atención a aquello que para alcanzar su objetivo requiere mas de la atención que le prestas…   parece un trabalenguas pero vuelve aa leerlo y verás la lógica que hay detrás de ello. 

Aquí hay algunos ideas para que te convenzas de que quizás debas considerar un planteamiento más serio en cuanto a tu productividad y en cuanto a otros aspectos relacionados: 

1.- Agrupa tus reuniones. Es difícil entrar en el flujo cuando sabes ó existe una alta probabilidad de que te van a interrumpir con frecuencia. Si planificas todas todas tus reuniones de una vez, por ejemplo durante las primeras dos horas del día, podrás disponer de tiempo libre (y de tu máxima atención) para trabajar en tareas de enfoque profundo. 

2.- Aprende algunos atajos de teclado que pueden reducir la dependencia del ratón y el trackpad del ordenador. Esto puede parecer una cosa pequeña, pero con el tiempo, hace una gran diferencia. Y esos atajos son creados justamente para eso y por las personas que más lo necesitan… quizás tú eres una de esas personas.

3.- Usa tu inteligencia comunicacional.  Aprovecha tu entorno para cambiar los hábitos con los que te auto-saboteas. Si pierdes tiempo porque te distraes con el teléfono durante el día, déjalo en otra habitación. Si los correos electrónicos están desbaratando tu flujo de trabajo, usa las notificaciones de entradas de manera inteligente. O sustituye la bajada automática de emails por una cada 15 minutos… o una manual cuando tú decidas!. 

4.- Lee tu trabajo en voz alta. No importa cuál sea tu trabajo, lo más probable es que escribas al menos un correo electrónico por día. Escuchar las palabras que escribes en el papel acelerará y aclarará tu proceso de escritura.  Eso te ahorrará el clásico ping pong de email que va y viene sin moverse realmente y en el que la responsabilidad recae sobre el iniciador de la comunicación: TÚ!

Estos son sólo algunos de los tips que puedes activar para confirmar la necesidad de tomar acciones más contundentes en cada uno de esos aspectos.

Si tu proyecto no tiene una fecha límite, inventa una.

Si tu proyecto no tiene una fecha límite, inventa una.

Es fácil priorizar los proyectos que tienen plazos, si sabes exactamente cuando se deben cumplir. 

Pero, ¿cómo motivas cuando un proyecto no tiene una fecha límite? 

Intenta inventarte una! 

Escoge una fecha para la que quieras que el trabajo esté terminado, o reserva una cierta cantidad de tiempo para ello cada día o semana. 

También puedes crear una responsabilidad al insinuar una presión positiva de los compañeros. Dile a un colega cuál es tu fecha límite (aunque la hayas elegido tú), y envíale actualizaciones regularmente. 

Para una motivación adicional, incentívate a ti mismo. Por ejemplo, puedes decidir que después de pasar una mañana en el proyecto, te «invitarás a almorzar». O podrías dejarte trabajar en tu cafetería favorita, siempre y cuando termines el siguiente paso del proyecto. 

Si esos incentivos no son lo suficientemente poderosos, prueba con las penalizaciones. Decide que si no completas la tarea como lo planeaste, no podrás escuchar tu podcast favorito o ver tu programa de TV favorito esta noche.

La creación de fechas límite ficticias implican responsabilidad de tu parte ya que puedes estar cambiando radicalmente el esquema de prioridades del resto de tus proyectos ó los de tus colaboradores y eso no necesariamente puede ser más productivo.  Por lo tanto, asegúrate de estar enterado del inventario completo de asuntos y determinar si es prudente asignar una fecha determinada o asignar una fecha del todo.

Eso es parte de ser líder …